Son esos momento en los que se me curva la sonrisa para abajo y no puedo disimular que me muero. Y aunque lo intento, mis facciones no cambian. No sé si sean muy débiles los músculos de mi cara o si el órgano que me mantiene viva es más fuerte que el que da las órdenes. Y tan solo en segundos, todos los recuerdos pasan por mi mente. Luego, así como llega, se va y mi vida sigue.
¿Qué loco no?
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