Abro mis ojos al sentir ese leve mordisco. El espacio nulo entre nuestros cuerpos me tranquiliza, tengo un calor agradable. Afirmo mi brazo rodeando tu torso y me acaricias el cabello. Ese aire cálido de tu boca me choca la frente y no puedo evitar mirarte. Tan perfecto como siempre. Juntas nuestras miradas y nos quedamos así por quien sabe cuanto tiempo. Eres al único que puedo mirar a los ojos más de tres segundos y eso es porque en ellos encuentro una paz que jamás pensé hallar. Me acerco casi inconscientemente, tienes ese efecto embriagador (o quizás solo haya sido el aire encerrado del auto); tu rostro, tus labios me parecen irresistibles. Nuestros labios se unen en un beso corto, solo para volver a perdernos en la mirada del otro, un universo donde estando los dos... la felicidad es eterna.
Siento la mirada de mi padre a través del espejo retrovisor. Vuelvo a la realidad: papá, auto, casa, presentar novio a la familia, mierda. Ahora recordaba todo, yo estaba muy nerviosa por todo ese asunto, pero él y sus millones de formas de hacerme sentir volar, me habían calmado. Lo miro con desespero, él sonríe. Me dice "con calma" y yo cierro los ojos. Lo beso como ninguna vez he besado, sintiéndolo por completo y me vuelvo a acurrucar en su pecho. Me concentro solo en su mano sobre mi cabeza y su respiración. Que lentamente sigue el ritmo de la mía.
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