lunes, mayo 28

Escena del auto

Abro mis ojos al sentir ese leve mordisco. El espacio nulo entre nuestros cuerpos me tranquiliza, tengo un calor agradable. Afirmo mi brazo rodeando tu torso y me acaricias el cabello. Ese aire cálido de tu boca me choca la frente y no puedo evitar mirarte. Tan perfecto como siempre. Juntas nuestras miradas y nos quedamos así por quien sabe cuanto tiempo. Eres al único que puedo mirar a los ojos más de tres segundos y eso es porque en ellos encuentro una paz que jamás pensé hallar. Me acerco casi inconscientemente, tienes ese efecto embriagador (o quizás solo haya sido el aire encerrado del auto); tu rostro, tus labios me parecen irresistibles. Nuestros labios se unen en un beso corto, solo para volver a perdernos en la mirada del otro, un universo donde estando los dos... la felicidad es eterna.


Siento la mirada de mi padre a través del espejo retrovisor. Vuelvo a la realidad: papá, auto, casa, presentar novio a la familia, mierda. Ahora recordaba todo, yo estaba muy nerviosa por todo ese asunto, pero él y sus millones de formas de hacerme sentir volar, me habían calmado. Lo miro con desespero, él sonríe. Me dice "con calma" y yo cierro los ojos. Lo beso como ninguna vez he besado, sintiéndolo por completo y me vuelvo a acurrucar  en su pecho. Me concentro solo en su mano sobre mi cabeza y su respiración. Que lentamente sigue el ritmo de la mía.  

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