Hace dos días me di cuenta de muchas cosas. En especial, lo corta que es la vida y como no quiero estar atada a nada para llevar a cabo todos mis objetivos.
Si bien, sería lindo que alguien me acompañe en todo y esté conmigo para llorar o reír, no puedo, simplemente, no puedo seguir esperando que eso aparezca y mueva todo mi mundo. Si yo no doy el primer paso, ¿quién lo va a dar por mí? Un misterioso ser que de repente se sienta atraído por esta atrocidad y que sienta que quiera estar con ella toda la vida. Y que el sentimiento sea recíproco. Es hora de dejar de fantasear. Si bien es lindo, no sirve. Es hora de crecer. Auch, dolió decirlo. Pero así es. Si quiero el cambio tengo que hacerlo por mi cuenta.
Ya no más desveladas por personas que ni viste en persona y de las que, supuesta mente, estás completamente enamorada. Ya basta de esperar que alguien te cambie, no tenés el cuero para eso. Entendé que no sos una hermosa princesa esperando al hermoso príncipe que te rescate del calabozo. No, no, vos sos una falsa princesa que, con todos los cojones que tiene, sale del calabozo, no importa lo oscuro, tenebroso y frío que esté, simplemente encuentra una manera de ser libre de aquel tormentoso lugar. Cuando ya estás afuera, sentís el sol, la brisa y sos libre. Libre para hacer lo que vos quieras y sólo eso. Si se da la oportunidad, encontrarás el amor. Pero no está en tus prioridades.
Creo que lo que más me gustaría es poder realizarme como persona. Cumplir mis sueños y expectativas. Claro, de cosas que requieran mi arduo esfuerzo y que al final las consiga. Eso sería para mí el cielo. Algo que me cueste mucho, que lo consiga y aún así que me siga gustando. Eso sería la vida para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario