martes, abril 2

Gracias por existir.

No sé en que momento me dejé convencer. Ahora soy esto que tanto odio. Quizá, si hubiera tenido más fuerza de voluntad (o simplemente fuerza de voluntad) las cosas serían diferentes. Aunque eso no hubiera garantizado mi felicidad, por lo menos sabría que mis pensamientos y las decisiones que estos realizasen serían plenamente míos. Pero no, la corriente me arrastro sin ningún tipo de resistencia. No me quiero imaginar la historia que hubiese sido si no me hubiera dejado llevar. Probablemente la soledad me hubiera matado o por lo menos hubiera sacado lo peor de mí. O por ahí hacia amigos, era feliz, quien sabe.
Estoy en un momento complicado de mi vida. Más complicado que empezar primer año de secundaria con mis padres peleando como nunca lo habían echo, más complicado que sólo tener una vida en una computadora, más complicado que tener que cambiar todo lo que representas para formar parte de un grupo, más complicado que estar en medio de una pelea en la que no tenés nada que ver, más complicado que muchas cosas. En todas la soledad hace su aparición. Ya es parte de mí desde que salí de la primaria. Hubo momentos en los que creí que se había ido, pero estaba ahí, disfrazada. No me preocupa mucho dado que ninguno de mis padres mantiene relaciones con personas de la primaria/secundaria (excepto mi padre con algunos por que viene en pueblo muy pequeño) así que aún tengo esperanzas.
Decía que es complicado por que lo único que tuve para aferrarme todos esos años, ahora es débil. Mi padre está sufriendo del corazón. La vida sin él no tiene sentido. El día que mi papá me falte, yo me mato. Exceptuando obvio, si es que conseguí mi propia familia. No me importa nadie más por el momento. Y me estoy perdiendo muchas cosas. Demasiadas. Que quizá no sean necesarias, pero que quisiera probar: ser rebelde, embriagarme, pircings y tatuajes, porque no, fumar, o simplemente salir con amigas de noche. Y me estoy perdiendo todo eso por él. Porque lo amo, lo amo con locura. Odio ser reiterativa pero él es mi vida. Y juré desde esa vez que lo vi llorar por mi culpa, que jamás me permitiría volver a hacerlo pasar por eso. Jamás.
Y mi hermana se está volviendo un problema. Yo sé que a su edad era así. Pero yo me odiaba. ME DETESTABA POR SER ASÍ DE EGOÍSTA. Ella parece disfrutarlo. Y yo no tengo los cojones para preguntarle  como se siente. Porque si me respondiera con un "que te importa" me pondría a llorar con tantas ganas que inundaría el cuarto.
Soy muy débil, lo sé. Pero necesito seguir siendo el sostén emocional de esta familia. O se derrumba. Y yo ya no quiero ver tristes ni a mi mamá, ni a mi papá y ni a mi hermana. Quiero que seamos una familia feliz.
Y escribo sobre mi familia porque no hay nada más que me importe. No me importa el colegio, no me importa el amor, no me importa estar llena. Me importan ellos y ESO me va a enfermar mucho. Mucho.

--o--







Los amo.











Mucho.

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